viernes, 8 de febrero de 2013

LA ÉTICA PERIODÍSTICA Y LA MUERTE, por Luis Priamo*

En las últimas semanas fue muy comentada la publicación de una falsa fotografía del presidente Chávez agonizante por parte del diario El País, de España. El tema central de las notas de opinión se refiere a la ética periodística y sus límites frente a imágenes de esta naturaleza. En todos los casos que he leído se da por sentado que es éticamente reprobable, y además se sobreentiende que siempre ha sido así. Sobre el primer punto nada tengo que decir. Sobre el segundo, en cambio, puedo asegurar que en las primeras épocas del periodismo gráfico, a principios del siglo pasado, este tipo de fotografías no tenían interdicción ética alguna.

Al respecto, en el Museo Mitre puede consultarse una foto del general Bartolomé Mitre en agonía, retocada para su publicación periodística, que no lo muestra entubado por la simple razón de que entonces no existían tales adminículos. En compensación, puede verse a la orilla de la cama una poco delicada bacinilla, vulgo escupidera.

Otra célebre escupidera acompaña a Sarmiento en una de sus fotos más notorias, donde lo vemos ya muerto, sentado en su mesa de trabajo de Asunción del Paraguay. Lo interesante de esta foto es que fue preparada cuidadosamente horas después de la muerte del prócer, que falleció en la madrugada y en su cama. Quienes acompañaron a Sarmiento en su agonía esperaron la llegada del día, llevaron su cadáver a la sala de trabajo, lo acomodaron en la silla y lo dispusieron en posición ventajosa para las condiciones de luz que necesitaba el fotógrafo. Fue una rigurosa misce-en-scene para la foto, es decir para la posteridad (donde la escupidera resulta un toque de realismo escrupuloso por parte de los escenógrafos).

Los cuerpos desmadejados de Sarmiento y de Mitre, sometidos a la brutal y nada elegante informalidad de la muerte –inminente en un caso y cumplida en el otro–, bastarían hoy día para relegar estas fotos a la condición de impublicables por razones éticas. En aquel entonces, por el contrario, fueron preparadas deliberadamente para su difusión pública y masiva –de hecho Caras y Caretas publicó la foto de Sarmiento en su número 39, del 9 de septiembre de 1899, memorando el aniversario de su muerte–. ¿Qué fue lo que cambió de ayer a hoy en el concepto ético del periodismo para provocar ahora la segregación rigurosa de fotografías como éstas?

En mi opinión, la clave está en el profundo cambio que ha sufrido nuestra sensibilidad frente a la muerte o su proximidad –no la muerte en abstracto, sino la propia o la de nuestros seres queridos–, provocando en el curso de no muchos años una actitud de negación y encubrimiento impensada hace menos de un siglo –actitud que el historiador francés Philippe Aries finca en lo que llama tabú de la muerte, cuyas primeras manifestaciones ubica hacia los años treinta del siglo pasado en los países avanzados de Occidente–, una de cuyas consecuencias ha sido el desplazamiento de los límites éticos para la publicación de las imágenes de muerte o agonía de personas importantes –la puntualización es necesaria: cuando el muerto es anónimo el interdicto editorial se flexibiliza–.

En tiempos de Mitre y Sarmiento la consecuencia automática de la muerte en hombres públicos ejemplares como ellos era, naturalmente, la inmortalidad. O, mejor dicho, la exaltación de la inmortalidad. Así, la foto de Mitre agonizante lo capta en su hora inminente del paso a la Gloria. Quienes la tomaron y prepararon para su publicación daban por descontado la peculiar emoción que produciría en los argentinos: un hombre grande, un Patriota, dejaba la vida y se ponía en manos de la Memoria de su pueblo. La inminencia del trance a la inmortalidad de esa grande alma debía registrarse. Era una celebración imperativa, y en tal sentido la puesta en página de la foto –retocada para su publicación, lo repito, aunque ignoro si se contretó y dónde– resultaba poco menos que un Oratorio cívico. La de Sarmiento fue preparada para trasmitir a las generaciones siguientes su imagen paradigmática: la del Prócer dedicado a su Patria hasta el último suspiro. La condición física degradada de ambos contribuía a ese pathos: ellos estaban más allá de las miserias del cuerpo, ya eran parte de un Panteón que nadie discutía, ni sus enemigos políticos de entonces.

La idea del grande hombre público como Inmortal no ha cambiado mucho desde la época de Mitre y Sarmiento a la de Perón o Chávez. Quizá perdió gravedad, pero continúa viva. Millones de venezolanos venerarán a Chávez después de su muerte, y hoy mismo el retrato del Comandante ya debe estar en innumerables altarcitos familiares. Para esas personas ya es un Olímpico. Lo que no se tolera, lo que se considera “una canallada” –en opinión de la presidente Fernández y de medio mundo, chavista o no–, es la publicación de su foto mostrándolo en agonía. Y en este punto el hecho de que la foto haya sido trucada reconfirma lo que decimos: se la trucó a sabiendas de que es ofensiva y vejatoria para la figura del presidente Chávez. Exactamente al revés que en el caso de Mitre.

La sensación vejatoria que hoy sentimos al ver una foto como esta publicada en un medio gráfico, es similar a la que nos produce la mera idea de fotografiar a un ser querido en su lecho de muerte o en el ataúd, costumbre habitual en el pasado y hoy también abandonada. (Se trata de una proyección específica, como dijimos, ya que el anonimato del difunto la deslíe.) La foto cumplía entonces con la muerte su papel natural respecto de cualquier otro acontecimiento de la vida, es decir el de recordatorio, al igual que lo hacían la mascarilla mortuoria o el dibujo o pintura postmortem (de hecho Mitre tuvo también su mascarilla). Hoy esa función fotográfica nos produce náuseas; la consideramos morbosa, absurda y patológica.

La ética periodística que exonera las imágenes fotográficas de muerte o agonía de hombres públicos en los medios, considerándolo una canallada, coincide plenamente con la sensibilidad individual moderna, que borró de su horizonte la fotografía del difunto familiar por morbosa. Y ese es el punto en el que estamos: el recordatorio de la agonía y la muerte es ofensivo, que es lo mismo que decir que la muerte es ofensiva. Algo bastante irrisorio, ¿verdad?

* Historiador fotográfico.

viernes, 1 de febrero de 2013

SE REPONE “EL COMERCIO Y LA INDUSTRIA EN LA ARGENTINA. FOTOGRAFÍAS 1860- 1960”

Continúan en febrero esta muestra histórica fotográfica en la FotoGalería Banco Ciudad, del Teatro General San Martín de la ciudad de Buenos Aires.




El jueves 7 de febrero se reanudan en la FotoGalería Banco Ciudad del Teatro San Martín -que dirige Juan Travnik- dos exposiciones que formaron parte de la temporada 2012: la muestra de fotografía histórica argentina El comercio y la industria en la Argentina. Fotografías 1860-1960, integrada por imágenes de diferentes colecciones privadas.

Podrá ser visitada de lunes a viernes desde las 12 horas y los sábados y domingos desde las 14 horas hasta la finalización de las actividades del día en el teatro (Avenida Corrientes 1530). La entrada es libre.

El viernes 15 de febrero a las 19 Abel Alexander, reconocido historiador de la fotografía argentina y uno de los curadores de El comercio y la industria en la Argentina. Fotografías 1860-1960, realizará una visita guiada abierta al público y gratuita.

sábado, 5 de enero de 2013

MUESTRA FOTOGRÁFICA DE TEHUELCHES EN MAR DEL PLATA

Del 7 al 16 de enero de 2013, con los auspicios del Ministerio de Turismo de la Nación y del Ente Turismo Mar del Plata, se montará una muestra fotográfica referida a la etnia Tehuelche. En el acto de apertura, estarán presentes autoridades locales y del Ministerio de Turismo de la Nación. 




Al iniciarse el año 2013 el tradicional paseo por la rambla de Mar del Plata, tendrá en el Torreón del Monje, un nuevo atractivo turístico, histórico y cultural para los cientos de turistas que visitarán la ciudad feliz.

El propósito es mirar una Argentina indígena casi desconocida. Alentar la reconstrucción de la memoria colectiva a través de la fotografía antigua. Favorecer el conocimiento de los procesos históricos que sufrieron las comunidades y los pueblos originarios de la Patagonia e impulsar el fortalecimiento de una identidad nacional pluricultural.

Las múltiples relaciones entre el documento fotográfico y el indígena son abordadas a través de más de 43 imágenes realizadas entre fines del siglo XIX y principios del XX, a lo que se debe agregar el testimonio de las crónicas de expedicionarios, científicos, militares, gobernantes, misioneros, naturalistas y viajeros aventureros que facilitan la contextualización histórica de la época.

Se trata de una selección de antiguas fotografías, tomadas del trabajo de investigación histórica-fotográfica Tehuelches, danza con fotos de reciente publicación, realizado por el periodista Osvaldo Mondelo con asesoramiento de Abel Alexander.

Podrán apreciarse imágenes tomadas en los toldos de la Patagonia, retratos realizados en estudios fotográficos de Buenos Aires, Punta Arenas, Río Gallegos, pero también fotografías en circos, ferias y cenáculos de la ciencia de Europa y los Estados Unidos, donde los tehuelches eran exhibidos.

Entre los documentos fotográficos –algunos profesionales, otros amateurs- , está el testimonio de las cámaras fotográficas de Adolfo Alexander, Peter H. Adams, John Bell Hatcher, Rafael Castro y Ordoñez, Jimmy Doyg, Esteban Gonnet, G.Gûnter, Jakob Martín Jacobsen, Federico Kholmann, Bartolomé Loudet, Francis Meeks y Guillermo Kelsey, Clemente Onelli, Carlos Luís Spegazzini, Jessie Tarbox Beals, y de fotógrafos no identificados.

Un comentario especial merece el rescate del disperso patrimonio iconográfico de la etnia tehuelche. Para ello, su autor ha realizado una extensa recopilación en archivos y colecciones fotográficas públicas y privadas, tanto en el país como en el exterior. En un rastreo que va desde álbumes de familias pioneras de la Patagonia, hasta los repositorios fotográficos del Archivo General de la Nación, la Academia Nacional de Historia, el Museo de Ciencias Naturales de la Plata, el Museo Etnográfico de Buenos Aires, el Museo de Antropología de Estocolmo, Suecia, el Museo Du Quai Branly, París, el Museo Histórico de Missouri de los Estados Unidos, la Universidad de Magallanes, Punta Arenas, Chile y las prestigiosas colecciones privadas de los investigadores Juan Gómez, Héctor Pezzimenti, Daniel Sale y el doctor César Gotta.

Esta es una muestra itinerante, con el objetivo de trasmitir TEHUECHES, DANZA CON FOTOS por todo el país… Los invitamos a vivir está mágica experiencia y viajar al pasado Tehuelche.


martes, 18 de diciembre de 2012

La sorprendente donación fotográfica del ingeniero Bruno Lendaro


LA BIBLIOTECA NACIONAL RECIBE UN VALIOSO PATRIMONIO.
Por Abel Alexander.

El Ingeniero Bruno Lendaro es oriundo del Partido de Quilmes y, junto su esposa Liliana, emigró a los Estados Unidos hace exactamente 50 años, donde se graduó en Doctor en Ingeniería en California.

Su residencia en el Lago Elsinore en el estado de California es punto de reunión de una cierta cantidad de amigos que comparten con Bruno su pasión por la antigua fotografía, tanto en su papel de coleccionista de cámaras y obras fotográficas del siglo XIX, como también en su actividad como fotógrafo recreando viejos procesos ya olvidados en el tiempo.

Su formación en el campo del movimiento Scout, siempre lo ha impulsado a realizar las "buenas acciones" como aconsejaba su fundador el inglés Sir Robert Baden-Powell; la última de estas "buenas acciónes" es de una magnitud y generosidad que sorprende.

En contacto con Abel Alexander - asesor histórico-fotográfico de la Fototeca "Benito Panunzi" de la Biblioteca Nacional - Bruno decidió donar una colección de alrededor de 65 daguerrotipos, ambrotipos, ferrotipos y álbúminas con destino a esta institución y la cual quedará catalogada como "Colección Bruno Lendaro".

No es su primera donación ,en tal sentido el año pasado ya había donado un ejemplar de cada proceso a nuestra Fototeca para poder exhibir una muestra de estos procesos pioneros y, años antes, había realizado contibuciones significativas al Museo Fotográfico de Quilmes dirigido en ese momento por Fernando San Martín.

La Fototeca de la Biblioteca Nacional proyecta para el año próximo realizar en base a esta valiosa donación una muestra de carácter exclusivo y donde se exhibirán la totalidad de la obras donadas, con explicaciones técnicas e históricas de estos procesos, visitas guiadas y mesas redondas a cargo de especialistas.


TEATRO COLÓN. UNA VISITA EN EL TIEMPO. FOTOGRAFÍAS 1860-1960.

Importante muestra histórica fotográfica, curada por Luis Priamo.

Cuando se menciona una muestra de fotos históricas sobre el Teatro Colón pensamos inmediata y naturalmente en los conciertos, las óperas o los ballets que se pudieron oír y ver en su escenario en el pasado, es decir, evocamos el corazón artístico de la vida de un gran coliseo clásico. Buena parte de las fotos de esta exposición contradicen esa expectativa.

Lo que aquí se ofrece –sin dejar de lado a grandes figuras de la música, la ópera o el ballet que pasaron por el Colón– es una variedad de temas relacionados con su prehistoria, su larga y accidentada construcción, la relación de su monumental arquitectura con el contorno urbano y con la misma fotografía, los usos no tradicionales de su espacio escénico y la intimidad profesional de sus talleres.

La decisión de mostrar estos temas fue sugerida por los materiales encontrados durante la investigación fotográfica, y también responde al propósito de ofrecer una visión histórica matizada y de mostrar aspectos bastante ignorados del Colón. De este modo esperamos que las imágenes despierten el interés de un público más amplio que el de los amantes de la música, la ópera o el ballet.

El arco cronológico de la muestra comienza a mediados del siglo XIX con fotos de la primitiva plaza del Parque –hoy plaza Lavalle– y del primer Teatro Colón, en Rivadavia y Defensa, y llega hasta los años sesenta del siglo XX.

Fotógrafos maestros del paisaje porteño de los siglos XIX y XX como Benito Panunzi, Christiano Junior, Samuel Boote, H.G. Olds y Gaston Bourquin recobran para nosotros un mundo no tan lejano, pero que el desarrollo vertiginoso y descomunal de esta ciudad ha convertido en remoto y extraño. Excelentes fotógrafos no identificados de organismos municipales o de revistas como Caras y Caretas participan con documentos valiosos. Tampoco faltan obras de otros grandes autores fotográficos del medio argentino, como Annemarie Heinrich, Franz Van Riel, Anatole Saderman, Siwul Wilensky, Horacio Coppola y Nicolás Schonfeld, que dejaron imágenes perdurables de músicos, bailarines y cantantes.

Un tema tan vasto y variado como el Teatro Colón propone a cada espectador, sobre todo a los más familiarizados con él, su propia “visita en el tiempo”. Esperamos que la que aquí se expone resulte, a pesar de ello, del interés de todos.

LUIS PRIAMO

miércoles, 12 de diciembre de 2012

NUEVO ALMANAQUE HISTÓRICO FOTOGRÁFICO CON IMÁGENES DE LA COLECCIÓN JUAN CARLOS BORRA

Maravillosas tomas aéreas de la ciudad de Buenos Aires en los años ´20.





Siempre hemos afirmado que la inmensa mayoría de nuestra antigua fotografía no se encuentra en los grandes repositorios públicos como archivos o museos; muy por el contrario, estos invalorables documentos visuales del ayer reposan - esperando un día surgir a la luz - en millones y millones de hogares. Son las colecciones compuestas por infinitas fotografías que,  generación tras generación, van aportando a través de aquellos mágicos rectángulos los testimonios de quienes nos han precedido en la maravillosa aventura de vivir.

Un ejemplo contundente en tal sentido, lo constituye las históricas fotografías aéreas de un álbum excepcional provenientes del archivo familiar del arquitecto Juan Carlos Borra: son los increíbles registros realizados hacia la segunda mitad de la década de 1920 por su padre el fotógrafo Juan Bautista Borra y su compañero del aire el alemán Enrique Broszeit, dos audaces que con sus frágiles biplanos de tela y alambre documentaron con gran fidelidad los paisajes urbanos de aquella orgullosa Buenos Aires que ya se perfilaba como una de las grandes metrópolis de América Latina.

Son fotografías de una calidad y perfección que asombran, registros tomados con sencillas cámaras de mano desde la cabina descubierta y con el arriesgado fotógrafo asomado de lado sobre el vacío, mientras el viento pugna por arrancarlo de su estrecho cockpit.  Relevamiento aéreo que hoy a casi un siglo de distancia nos muestra los cambios arquitectónicos y urbanísticos de la ciudad o de edificios que han desaparecido como la Penitenciaria Nacional y el Pabellón Argentino.

La Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía se congratula por esta inteligente iniciativa de divulgación, que pone a la consideración del público un año calendario desplegando estas increíbles vistas aéreas.