martes, 16 de octubre de 2012

"Tehuelches, danza con fotos", el nuevo libro de Osvaldo Mondelo.




Más de trescientas fotografías y una investigación histórica fotográfica de Osvaldo Mondelo, nos invitan a reconstruir en imágenes distintos aspectos –algunos pocos difundidos- de la vida de unos de los pueblos originarios de la Patagonia: los tehuelches.

En ese aislado escenario natural, llega a fines del siglo XIX la cámara fotográfica, que registrará fragmentos de un tiempo cultural y un espacio histórico. Junto a las “vistas” de los paisajes naturales, está la mirada de los fotógrafos de la época, sobre el “indio”. Al principio de los fotógrafos itinerantes o aquellos que formaban parte de expediciones científicas, militares, mas tarde de los profesionales y los productores de postales.

Precisamente la fotografía antigua será el elemento narrativo de este trabajo donde el autor nos plantea una relectura del documento fotográfico con el propósito de viabilizar la imagen del indígena.

Está el primer registro fotográfico de un tehuelche, realizado en Punta Arenas en 1863. Un año más tarde son retratados en galerías fotográficas porteñas, Casimiro Bigua y su hijo Sam Slick. Hay documentos del año 1899 que revelan como los tehuelches celebraban el 25 de mayo, con banderas argentinas en el caserío de Río Gallegos. Imágenes del pacifico cacique Orkeke y su gente detenidos por el Ejercito nacional cerca de puerto Deseado y trasladados en calidad de prisioneros de guerra a Buenos Aires. Retratos de Pikshoshe, en Berlín, llevado desde Punta Arenas, a Alemania para ser exhibidos en circos y zoológicos humanos. Fotos, muy poco difundidas en la Argentina, de una delegación de tehuelches enviados desde la reserva de Kamusu Aike a la Feria Internacional de Saint Louis en 1904 para participar en una competencia de destrezas con otros pueblos “nativos” de América, Asia y Africa.

“La fotografía contribuyó a construir la invisibilidad de los tehuelches y a sostener en el imaginario una historia muchas veces fragmentada, adulterada y mistificada. Sin embargo en el documento fotográfico parte de la realidad histórica se filtra y expone. La lente capta más de lo que vio el fotógrafo” Sostiene Mondelo.

El libro, escrito en castellano e inglés, con prólogos de Alicia M Kirchner, Ministra de Desarrollo Social de la Nacion y del investigador histórico fotográficoAbel Alexander, constituye un valioso aporte al conocimiento de la historia de los pueblos originarios de la Argentina.

Un comentario especial merece el rescate del disperso patrimonio iconográfico de la etnia tehuelche. Para ello, su autor ha realizado una extensa recopilación en archivos y colecciones fotográficas públicas y privadas, tanto en el país como en el exterior. En un rastreo que va desde álbunes de familias pioneras de la Patagonia, hasta los repositorios fotográficos del Archivo General de la Nación, la Academia Nacional de Historia, el Museo de Ciencias Naturales de la Plata, el Museo Etnográfico de Buenos Aires, el Museo de Ciencias Naturales de la Plata, el Museo de Antropología de Estocolmo, Suecia, el Museo Du Quai Branly, París, el Museo Histórico de Missouri de los Estados Unidos, la Universidad de Magallanes, Punta Arenas, Chile y las prestigiosas colecciones privadas de los investigadores Juan Gómez, Héctor Pezzimenti, Daniel Sale y el doctor César Gotta.

Las imágenes narran por si solas las vicisitudes que sufrieron hombres, mujeres y niños tehuelches durante su contacto con la civilización blanca, pero una cuidadosa selección de textos, escritos por viajeros exploradores, naturalistas, geógrafos, misioneros, gobernantes y fotógrafos sirven de marco referencial histórico. Destacándose entre otras crónicas las de George Musters, Ramón Lista, Maggorino Burgatello, Henry De la Vaulx, Nicanor Larrain, Clemente Onelli, Hesketh Prichard y el propio Faustino Sarmiento. Complementan recortes de diarios y revistas, tales como El Mosquito, Caras y Caretas, PBT, el Progreso de Buenos Aires, El Mercurio de La Plata, El Comercio de Punta Arenas y el Heraldo del Sur de Río Gallegos, entre otras legendarias publicaciones.

Otro mérito del libro, es el capítulo Detrás de las cámaras, donde el lector se encontrará con imágenes y una breve reseña de la vida profesional de los fotógrafos que retrataron a los tehuelches. Se trata de un aporte valioso para los historiadores y un punto de partida para nuevas investigaciones.

La obra declarada de interés cultural contó con los auspicios de la Presidencia de la Nación, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el Ministerio de Turismo de la Nación, Lotería Nacional, el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y la Asociación Cultural Díscepolin de Río Gallegos.


martes, 2 de octubre de 2012

Nueva publicación del CEDODAL


El Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (CEDODAL) presenta la nueva obra de la Arquitecta Patricia Méndez, "Fotografía de Arquitectura Moderna. La construcción de su imaginario en las revistas especializadas. 1925-1955", el miércoles 10 de octubre a las 19:00 horas en Montevideo 938. CABA.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Taxis a caballo, carretas, trenes y luz eléctrica: fotos de un cambio de era


Dos hermanos, los Boote, retrataron una época en que el país se fue modernizando. La calle Florida no era peatonal, Plaza Once era un lugar silencioso y, mientras tanto, se extendía el alcance del ferrocarril.




Como en el “Desayuno sobre la hierba” en el que Edouard Manet pintó las mañanas parisinas, los hermanos Samuel y Arturo Boote dieron cuenta, a través de la fotografía, de las costumbres argentinas de su época: la imagen de una gruta, con cascada y ciénaga, en la actual feria de Plaza Francia es sólo uno de los testimonios del pasado que integran la muestra La Argentina a fines del siglo XIX (1880-1900) , en el Pabellón de Bellas Artes de la UCA.

Hay allí 72 fotos de las 115 que integran un libro que Ediciones de la Antorcha distribuirá con el nombre de la exhibición. Y hay, en esas imágenes, un poco de la ciudad de Buenos Aires, un poco de la provincia de Buenos Aires y otro poco de otras provincias. Es que en pleno auge de los retratos personales, los Boote se dedicaron a los paisajes urbanos y rurales, y a las costumbres de cada lugar.

“Fueron cronistas visuales, testigos que dejaron un testimonio a través de su trabajo, que al recuperarse es como viajar en la máquina del tiempo”, explica Abel Alexander, investigador y fotohistoriador, y curador de la muestra junto a Luis Priamo, otro especialista en fotografía antigua.

Es justamente Priamo quien resume la importancia del trabajo de Samuel, que vivió entre 1844 y 1921: “No sólo producía imágenes para sí, sino que además era contratado por empresas, especialmente las ferroviarias , para dar cuenta del avance del trabajo en una Argentina en plena expansión”, sostiene. Hay, en las fotos, vías recién colocadas que “viajan” a distintas provincias, rieles del tranvía en pleno uso en la Capital, una flamante estación central en Córdoba y una planta de procesamiento de azúcar recién inaugurada en Santa Fe.

Arturo, que vivió entre 1861 y 1936, se abocó más a la actividad comercial, a través de la venta de álbumes y de máquinas. Pero eso no le impidió conformar un archivo de imágenes que también da cuenta de una Argentina en la cual los taxis eran tirados por caballos , el Cabildo era más largo, la calle Florida no era peatonal y en Plaza Constitución paraban las carretas , antes de que llegaran los colectivos.

En los campos que retrataron los Boote –de familia inglesa y con propiedades en Chascomús, donde también se montará la muestra– durante los últimos veinte años del siglo XIX, se nota el desarrollo tecnológico : lo que durante los primeros tiempos se hacía con tracción a sangre, ahora depende del ferrocarril.

Esos tiempos de cambios se leen con el correr de las fotos: en las fiestas mayas de 1896 –un festival que duraba tres días– hay iluminación eléctrica en Plaza de Mayo, entonces Plaza de la Victoria. Algo inhallable en la foto de 1892, igual que la Avenida de Mayo, abierta por esos años.

En 1889, narran los Boote en su álbum “Vistas de escuelas comunes” para el Consejo Nacional de Educación, había batallones escolares: chicos de los últimos grados de la escuela primaria uniformados y armados, acompañando a las milicias en un acto patriótico. Y en 1885, y aunque suene inimaginable más de cien años después, la Plaza Once era un lugar desértico y silencioso. No como las fotos antiguas, que colgadas de una pared mucho tiempo después, dicen tantas cosas.


FUENTE: 
Julieta Roffo. Diario Clarín, 20/09/12